lunes, 6 de marzo de 2017

Mensaje del Amor Misericordioso: "Cristo, Rey universal"


CRISTO, REY UNIVERSAL
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Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús[1]
(Fórmula dada por Su Santidad Pío XI).

¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.

¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre y miseria. Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría y del Islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino. 

Mirad finalmente con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto; descienda también sobre ellos, bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron.

Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino ésta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.

MEDITACION INTIMA

         En las palabras de esta Consagración, se reconoce el Corazón de Cristo, inspirando  a su Vicario los acentos que quiere hallar en los corazones y en los labios de sus hijos.

         Como otras veces, viene a hacernos oír sus íntimas vibraciones que descubren tanto amor y tanta misericordia.

“¡Tengo compasión!”

         Y a todos nosotros es a quien se dirige…. Y de todos nosotros de quien se compadece… y son todos nuestros corazones los que Él quisiera ver abrasados del Amor Misericordioso que arde en el Suyo… Y si quiere ser reconocido por nosotros como REY, no es solamente para su gloria, sino también por su bondad, por compasión hacia nosotros… para continuar siendo una vez más, para siempre, nuestro Salvador; para poder ejercitar aún más su misericordiosa caridad sobre nosotros. Su Corazón está tan lleno de amor hacia nosotros, que se desborda; pero necesita corazones que se le abran, para llenarlos. Quiere hacerse oír de todos, pero quiere también que le sirvan de porta voz y que le escuchen, que quieran oír esta palabra de su misericordioso amor: “¡Tengo compasión!”.

         ¡Oh María, cuyo Corazón Inmaculado vibró siempre y vibra todavía con las vibraciones del Corazón de Jesús, haced oír a todos sus palabras de amor! Su palabra divina: “¡Tengo compasión!”.

La compasión o el amor misericordioso del Corazón de Jesús.

         Sí, tengo compasión de ese pueblo; de esos pueblos que verdaderamente son como ovejas errantes sin pastor… y por eso quiero hacerlas volver a Mí…

         Tengo compasión de mis criaturas y no quiero más que su bien… Al procurar mi gloria y al reclamarla de ellas – esta gloria mía que yo me he dignado poner en sus manos, para que ellas me la devuelvan – es una gracia, un favor que les concedo; y hasta esto lo hago Yo por su bien… Porque las recompensaré eternamente por este homenaje que me hayan rendido y por el buen uso que hayan hecho de su libertad, aunque para ello hayan tenido que ser prevenidas de mi gracia, y sostenidas por ella para cumplirlo.

Esta Consagración es una gracia, un favor que debe producir frutos.

         Esta misma Consagración es ya una gracia, un favor que yo os ofrezco. Bienaventurados los que sepan comprenderla, apreciarla y corresponder en la medida que conviene… porque será aprovechada de bien distintos modos por las mismas almas que la hagan… y de igual forma rechazada diversamente: por unos con indiferencia, por otros con ignorancia; aunque algunos también lo harán por malicia, por odio e impulsados por Satanás… atreviéndose a decirme de nuevo el “non serviam”… ¡no serviré! ¡no queremos que Él reine en nosotros!...

         Este acto,  Yo os lo digo, será grande… y tendrá una gran influencia en muchas almas. Por eso convendría que se les hiciese comprender bien su alcance… debiendo sacar unos el diez, otros el veinte… el treinta, sesenta… ciento por uno de fruto, para mi gloria y su santificación… para su provecho eterno…


El valor de este acto depende las disposiciones de nuestro corazón.

         Lo que Yo aprecio sobre todo es el corazón, la disposición de la voluntad… Bienaventurado aquel que sepa poner su corazón en unión con el Mío a fin de que no vibre sino con las vibraciones de mi Corazón… Pedid a María, vuestra Madre Celestial, que os enseñe en esta circunstancia a hacer lo mismo que ella hizo en el curso de su vida cuando Yo oraba , y Ella oraba conmigo – Ella se adhería con toda su alma y entraba de lleno en todo lo que le sugerían las palabras mismas que Yo pronunciaba… Y aun cuando yo oraba en silencio… María se adhería también… Así debéis hacer vosotros: habituaros a hacer vibrar vuestras almas con las vibraciones que Yo os imprimo por mi Santo Espíritu, al hablaros por medio de mi Iglesia, sea en las oraciones litúrgicas que pone Él en vuestros labios, sea por otro medio. Vivid en la gran unidad “católica” y comenzad desde ahora.

La afirmación de ser de Dios, de pertenecerle, fortifica la voluntad en el bien.

         Vosotros, los míos, afirmad más y más vuestra voluntad de serlo. No sabréis comprender qué fuerza comunica a vuestra voluntad esta sincera afirmación, voluntaria y deliberada, cada vez que la hacéis y la pronunciáis… Entrad en las disposiciones de caridad perfecta que Yo quiero encontrar en vosotros. Caridad a base de fe y de humildad: caridad que es toda olvido vuestro y misericordia; caridad que es el fruto del extremado Amor Misericordioso con que sois amados… caridad que es un desbordamiento de Mi Corazón en el vuestro y que os hace verdaderos discípulos míos, haciéndoos verdaderamente vivir de mi vida, conforme a lo que Yo mismo os he enseñado y a lo que me habéis visto practicar.

         ¿Y por qué quiero encontraros en esta caridad? – Para que estéis en Mí… Quiero que toméis como medio lo que ha de conduciros a la esencia… a la vida práctica de lo que es vuestra condición fundamental y sobrenatural de cristianos… Hago esto para suplir vuestras tinieblas y vuestra ignorancia… Os doy mandamientos, promesas y amenazas únicamente para que os sirvan de barreras, de dirección, de estímulo y de freno; para contrarrestar vuestra concupiscencia y vuestras tinieblas y ayudaros a triunfar. Aprovechaos bien de todo según mis designios… con amor… con reconocimiento…

La caridad perfecta. Espíritu católico.

         Acordaos de lo que en otro tiempo os dije y os repito hoy de nuevo… “Tengo compasión de este pueblo”… Sí, “tengo muchas ovejas que no están en mi rebaño; quiero atraerlas para que no haya sino un solo rebaño y un solo Pastor”… Ayudadme… ayudadme con vuestras oraciones, ayudadme, uniéndoos, tomando una sincera parte en este movimiento comunicado por mi Representante sobre la tierra… entrad de corazón en esta cruzada de oraciones, unid a ella vuestras más insignificantes intenciones particulares… dilatad vuestros corazones… que sean cada vez más “católicos”… Pero, sobre todo, que sea ese espíritu “católico” el que os anime en todas vuestras palabras y acciones; porque no serviría de nada emplearos exteriormente en obras, si vuestro corazón estuviese fuera de esta unión de caridad… si os permitieseis juzgar, o despreciar a aquellos que, buscando así mismo el bien, no tienen la misma luz ni las mismas miras que vosotros. Yo quiero que alentéis el bien donde quiera que se halle… y que me ayudéis suavemente a que las almas se abran más y más a la verdad… Que vuestro apostolado sea ante todo el de la caridad… que los que sean testigos de vuestras palabras y de vuestros actos puedan decir de vosotros, como de los primeros cristianos: “¡Ved cómo se aman!”.

         Por ahí (ya os lo dije) es por donde conocerán todos que Yo soy verdaderamente el enviado del Padre (Juan, XVII, 21) y podrán creer en el amor que os tengo y en el que pongo en vosotros y que emana del mío…

No permanecer en indiferencia ante los sufrimientos ajenos.

         No seáis indiferentes para los sufrimientos de vuestros hermanos. Vosotros, Cristianos míos e hijos de mi Iglesia, que estáis siempre conmigo, y con abundancia de todos los bienes, pensad en tantas almas que están en peligro de indiferencia… errando en las tinieblas… presas del hambre… ¿no les tendréis compasión? Y en vez de dedicar siempre vuestras oraciones a vuestras miras e intereses particulares, ocupándoos sólo de vuestras pequeñas dificultades y necesidades personales, ¿no responderéis a mis deseos?... Hijos todos muy amados del Celestial Padre de familias, haced vibrar vuestros corazones con las vibraciones del Mío… Rogad por el retorno a la casa paterna de todos vuestros hermanos, de todos los miembros de la gran familia humana, que cuenta en sí tantos hijos pródigos de tan diversas formas… y tantos otros hijos que, aunque permanecieron fieles, no comprenden el Amor Misericordioso del Padre que quisiera que volviesen todos sus hijos a su casa…

Llamamiento a todos los hijos de la Iglesia. Beneficio de la Comunión de los Santos.

         Esta Consagración es, pues, un llamamiento a todos los hijos de la Iglesia. Todos ellos han de recibir por medio de ella grandes bienes: unos obtendrán un mayor conocimiento de mi Corazón… Otros el beneficio de las oraciones y el apostolado de sus hermanos… todos se enriquecerán del provecho común en la Comunión de los Santos… los que dan, y los que reciben. Porque entre vosotros el que da se enriquece siempre, puesto que me comprometo Yo a devolvérselo en mi Reino; y recibe ya desde aquí abajo un aumento de gracias y de amor… Vosotros, los que queréis amarme y ser muy amados, y crecer sin cesar en este amor…: Amad a los demás… dad y se os dará… lo que hacéis por vuestros hermanos se os devolverá con creces.

Hacerse todos Apóstoles por la caridad.

         Rogad, porque la mies es mucha; rogad al Dueño de la mies para que envíe a ella operarios… Ofreced para ellos sacrificios… Sed todos apóstoles por medio de la caridad: todos podéis serlo y no sabéis todo el bien que podéis hacer así aun dentro de una vida sencilla y oculta, sólo por los resplandores de vuestra bondad… por las exteriores dilataciones de una vida de fe en mi caridad. Id, pus, sea cual fuere vuestra edad y condición… id a comunicar por todas partes las llamas de mi caridad… Para esto abrid cada vez más vuestras almas a la fe en mi amor… e id a mendigar para mí un poco de amor en correspondencia. Así practicaréis la doble caridad: para conmigo y para con vuestro prójimo, porque respondéis a los deseos de mi Corazón… y vuestros hermanos serán atraídos hacia el verdadero bien y vendrán a Mí… De este modo se ejercita el verdadero y fecundo apostolado… así empecé Yo la conquista del Universo… Ved si no lo que hizo hasta una samaritana… Y vosotros ¿tendréis menos celo para atraerme almas?... Cesad ya de no ocuparos más que de esos y pobres mezquinos intereses materiales… desterrad de vuestro trato todas esas conversaciones paganas, tan contrarias al verdadero espíritu cristiano y en el que os hacéis vosotros mismos más daño que provecho. Sí; entre vosotros, cristianos, mostraos “católicos”, vivid vida católica. Tened sobre todo el corazón católico, lo que se alcanzará seguramente, si permanecéis todos bien unidos a vuestro Cristo, si vivís verdaderamente de vuestras comuniones, si procuráis no dejar que vibre vuestro propio corazón más que con los latidos del mío. Así lo lograréis procurando entrar siempre y cada vez más y más en las intenciones de Aquél que Yo os he dado como Jefe Supremo sobre la tierra… cuya misión es atraer a todos los pueblos a la unidad de la fe y reunirlos a todos en la caridad de Jesucristo. Eso es lo que hace ahora en este mismo acto presentándome a vosotros como Rey y pidiéndome en su paternal solicitud, a todos y por todos, el acto que Yo mismo reclamo de vuestra fidelidad, de vuestra fe, de vuestra confianza sin límites en mi Amor Misericordioso, de vuestra perfecta caridad.

Este acto debe ser punto de partida de una vida nueva más hondamente de Jesucristo y más católica.

         Que este acto sea para vosotros el punto de partida de una vida nueva más católica, abrazando más y más los intereses de todos vuestros hermanos; que sirva para haceros entender mejor las palabras del Padre nuestro y haceros vivir de ellas… Que sea, en fin, como el faro luminoso de vuestros días y vuestros años, de toda vuestra vida…; que sirva para que os mantengáis todos más unidos, formando el “unum” católico que Yo pedí para vosotros a mi Padre la víspera de mi muerte… Así todos trabajaréis cada uno según sus medios y condición, para mi gloria y para el triunfo de mi Iglesia… por vuestra fidelidad personal, vuestra caridad fraterna, por vuestras oraciones y sacrificios a favor de vuestros hermanos, por vuestra unión – en este hecho – a todas mis intenciones y por vuestras súplicas para obtener la libertad de mi Iglesia, y con esto mismo mi Reinado, el Reino de Dios en el mundo entero… asegurando la facilidad de la predicación del Evangelio.

Haced vibrar vuestras almas en armonía con lo que se os ha dicho.

         Al hacer esta Consagración, procurad hacer vibrar vuestras almas con grandes vibraciones de fe, de confianza y de caridad… de humildad, de contrición, de agradecimiento… de misericordia, de abnegación… de fiel adhesión a mi Iglesia. Sabed ante todo hacer por medio de ella un acto de conformidad con mi divina voluntad, y por lo mismo un acto de obediencia y sumisión… un homenaje de reparación por vosotros, por todos vuestros hermanos… un acto que os junte con ellos en la unidad de la fe y en la unión de la caridad…

         Hacérsela leer a todos, a los que me conocen, a los que no me conocen o que me conocen mal… a todos aquellos que no saben que es a Mí a quien buscan y desean sin conocerme… Atraed gracias de luz y de fuerza para aquellos que dudan… vacilan… luchando contra el espíritu del mal que les seduce, les induce a errores y los ciega y hasta los paraliza para que no puedan ir en busca de la verdad, al marchar en pos de ella y de todo bien.

         Rogad con la fe del Centurión y de la Cananea… y conseguiréis las mismas maravillas.

         ¡Oh vosotros todos: los que sois discípulos míos! ¡Servidores míos! ¡Hijitos míos! ¡Amigos míos! Haced vibrar vuestras almas con las disposiciones que se os han expresado en estas líneas, a fin de que no tengáis sino un solo corazón y una voz sola para responder al llamamiento de mi Pontífice y proclamarme vuestro Rey y Rey Universal… afirmando vuestra resuelta voluntad de que así sea y vuestro deseo de verme reconocido como tal por todos los hombres vuestros hermanos, de todos los pueblos y de todas las sociedades.

         Haced pasar antes vuestra Consagración por el Corazón Inmaculado de María Mediadora del género humano, ya que tuvo Ella tanta parte en la obra de vuestra Redención… dándoos al Salvador y permaneciendo siempre en tan humilde unión con su Jesús. Ella misma presentará al Señor vuestro homenaje e intercederá a favor de aquellos para quienes vosotros imploráis la gracia y la luz. Y como Suplicante Omnipotente, alcanzará que todos vuelvan a la fe… y el triunfo de mi Iglesia, por mi Reinado en la unidad de la fe y la caridad.

P. M. SULAMITIS.





[1] Esta Consagración con que se cerró el Año Santo, deberá repetirse siempre el último domingo de Octubre, en que se celebrará la nueva fiesta de Jesús Rey…