sábado, 27 de agosto de 2016

"Mensaje del Amor Misericordioso: A las almas probadas por el sufrimiento y la adversidad".


1.- Gozo en las pruebas. – Unirse a Jesús con María.

        Regocijaos en el Señor, ¡oh vosotros los que sois despreciados, humillados, contradecidos, juzgados, condenados… los que veis vuestros planes frustrados, vuestro celo paralizado…, hundirse todo en torno vuestro…, los que sois traicionados, mal correspondidos, abandonados… y que ahora mismo os halláis en las más profundas tinieblas, en desamparo interior… y parece que estáis privados de todo socorro… Regocijaos, sin embargo, por encima de todo de lo que sentís; es la hora del Calvario; mirad a María y con Ella permaneced en pie… así, cerca de la Cruz, unidos íntimamente, ajenos a toda opinión y sentimiento, puesto que todo lo que os rodea son tinieblas, silencio…, salvo del lado de los que blasfeman e insultan vuestro dolor.

            Si, permaneced ahí, con María, unidos al sacrificio del Salvador… a esta Hostia que hasta el fin de los siglos será ofrecida en todos los altares del mundo…; unidos a esa primera Misa que contiene todas las Misas…; unidos en un sencillo acto, sin mirar más que a Mí, adheridos a mi oblación.

2.- Disposición interior de humildad, de caridad, de conformidad.

            Permaneced también vosotros en un santo silencio, no sólo exteriormente evitando toda queja, todo lamento, sino también interiormente. No os permitáis ni una sola mirada voluntaria sobre las causas, las consecuencias…, sobre los que han contribuido a este sufrimiento; abrazadlos a todos en vuestro corazón, pidiendo para todos las gracias de mi Amor Misericordioso, el cumplimiento de mis designios, mi gloria en ellos.

            Permaneced sencillos y humildes… en mi Amor… No juzguéis a los que os juzgan, tengan o no derecho a ellos…; excusadles a todos y pensad caritativamente de ellos… Si alguna autoridad superior interviene y os condena, guardaos todavía más de quejas y censuras, pues eso sería ofenderme y perder el fruto que yo pretendo saquéis de la tribulación. Lo que debéis hacer es humillaros, considerándoos inferiores al que os condena, pensando que hubierais sido capaces de hacer un daño incomparablemente mayor del que se supone en vosotros… Avívese en vosotros el espíritu de fe, tanto más cuanto más sufráis y menos comprendáis… ¿Qué importa?... Creed que cada uno obra según su gracia y que la vuestra en estos momentos consiste en mantenerse bien humildes, bien sumisos y desconfiados de vosotros mismos, pero más que nunca entregados a la obediencia, viéndome siempre en mis representantes y aceptando todas sus disposiciones, todos sus dictámenes… consideraos siempre sus inferiores, de corazón, de espíritu, de voluntad. Someteos, no al hombre y a su criterio, sino a lo que os manifiesta como representante de la autoridad de Dios. Así como debéis tender siempre a uniros en Mí y a Mí debéis someteros y a Mí es a quien debéis obedecer, del mismo modo en todos estos encuentros, jamás debéis juzgar al que os juzga y condena, sino asentir humildemente, pensando: es el Señor quien lo hace o lo permite para que yo le rinda homenaje de obediencia y fidelidad.

3.- Pureza de fe en la sumisión. – Vigilar y orar. – Colocaos cerca de María.

            Que este sea el gran pensamiento que domine en vuestras almas: ofrecedme vuestro servicio y vuestro amor… En estos momentos, no seáis una carga para los que os gobiernan; que nada debilite vuestro espíritu de fe, vuestra sumisión, vuestra adhesión. Esas son, verdaderamente las horas que más han de valeros, aquellas en que puedo probar si me sois fieles, si verdaderamente os amáis, si vuestra obediencia depende de las personas o de las cosas… o si sólo existe en aquello que es según vuestra inclinación y agrado… Por eso os digo: regocijaos en esta hora… regocijaos sobrenaturalmente… Este es el instante en que mejor podéis asemejaros a vuestro Maestro. Mas porque sois débiles, muy débiles, y por vuestro propio esfuerzo no podéis permanecer en pie, permaneced muy cerca de María; vigilad y orad para que no os sorprenda la tentación. Y sobre todo, no os entretengáis en mirar hacia atrás o hacia adelante, vuestra gracia está en el momento presente…

4.- Permanecer en paz y en amor. – Las gracias del Calvario son gracias de predilección.

            Permaneced en mi paz; permaneced en mi amor. Para esto sed sencillos, tened un corazón humilde y manso… No imitéis a los que vacilan al menor solo de viento… Yo permanezco siempre el mismo: os amo; creed en mi amor… Amad a vuestros hermanos, a todos vuestros hermanos… Bendecid mi santo Nombre, acordándoos de que las gracias del Calvario son gracias de elección; que allí encontraréis a mi Madre, a Juan, a Magdalena y a algunas mujeres fieles al pie de la Cruz: permaneced con ellas.

P. M. SULAMITIS.

domingo, 21 de agosto de 2016

"¡Centellitas!: El apostolado"



¡Cómo seremos apóstoles! – La Visitación

Entre todos los misterios hay uno sobremanera dulce que parece expresar, resumir, los principales deberes y misión de cuantos se consagran al apostolado. Abarca la vida interior al mismo tiempo que la vida de acción. ¿Hay por ventura apostolado más verdadero y fecundo que el de la Virgen María, por medio de la cual el divino Salvador santificó a su Precursor? – Pero fijémonos en lo que en este divino misterio hacen tanto Jesús como su Madre.

María, desde luego se muestra fiel a la inspiración, a la voz del Señor que habla por medio de su Ángel. María cree y responde al instante: “heme aquí”. Parte ligera – es obediente y no admite demoras – a través de montañas y dificultades… Para ello, se olvida de sí misma, abandona su soledad, la alegría de su reposo y recogimiento. Lo sacrifica todo y no repara en molestias propias, por llegar adonde el Amor, adonde el deber la llama… Pero, notémoslo, lleva consigo a Jesús, a su Jesús dentro de sí, y mientras camina, Le adora, Le alaba, Le ama, y en verdad que Le da pruebas bien manifiestas de su amor. Se une a Él, Le ofrece y se ofrece a sí misma: es su cielo, “Cielo de Amor” allá en su interior.

Ha llegado ya al termino de su viaje María… ¿Qué hará, pues si su alma no puede contenerse dentro de sí? … Su prima le dispensa cariñosa acogida, la saluda, le dice que es bendita entre todas las mujeres, ¡y que es bendito su Jesús!... ¡Oh! he aquí la alabanza que, para ella, sobrepuja toda otra alabanza… Todo lo demás poco importa, nada significa, apenas presta oídos a ello… Su corazón tan sólo se muestra sensible a las alabanzas que se tributan ¡a su Divino Amor! ¡A su Divino Infante!

Por respuesta Ella canta, alaba, glorifica y engrandece a Aquel que la ha elegido, que ha realizado tan portentosas maravillas.

“¡Magníficat ánima mea Dominum! ¡Mi alma engrandece al Señor! Le enaltece y Le pregona grande y admirable… sobre todas las cosas… y querría engrandecerle además con el espíritu y corazón de todas las criaturas, manifestándoles los beneficios que han recibido de Él. ¡Oh humildad de María que le hace olvidarse a sí misma para que Dios sea mejor conocido y amado… humildad que le proporciona la dicha y felicidad!

Mi alma engrandece al Señor “y mi espíritu se regocijó en Dios mi Salvador”… y la causa de esa alegría que ella encuentra fuera de sí, en Dios, es “porque miró la bajeza de su sierva”. Ha sido para ella “Amor Misericordioso” el Señor. Abajóse hacia su pequeñez… y porque la halló la más pequeña en sus ojos, la encumbró a la mayor dignidad… la hizo la más grande… la convirtió en su reino… descendiendo a ella el Divino Verbo y con Él ¡los Cielos!

“En adelante me llamarán bienaventurada todas las generaciones; porque ha obrado en mí grandes cosas el Omnipotente: y santo el nombre de Él”. ¿Y cuál es ese nombre santo y santificador del mundo? … ¡Es el nombre del Salvador!... ¡Jesús! … su nombre de “Amor Misericordioso”… ¡su nombre de Dios todo bondad!...

¡Oh, sí, María, sois bienaventurada, porque Dios ha obrado en vos grandes cosas!... Ninguna mayor que descender a vuestro seno… elegiros por Madre suya… entregarse como Salvador por mediación vuestra… servirse de vuestra cooperación para manifestarse al mundo, ¡para realizar la obra grandiosa de la Redención! … Portentosas maravillas hizo en vos, pero no las hizo solo para vos. Aún continúa su misterio ¡quiere asociaros a su misión! ¿No es cosa todavía mayor, que el Señor del mundo, en vez de obrar directamente, divinamente, quiera servirse de un instrumento humano, quiera ser llevado a las almas por medio de su Madre?...

¿Y cómo se realizará el apostolado de María? Será realizado con suma fidelidad y caridad; será un apostolado lleno de la mayor sencillez, oculto bajo una acción corriente y común. María va a visitar a su prima para prestarle los humildes servicios que su posición requiere; y esta disposición humilde y caritativa; esta correspondencia de María a la Divina Voluntad conocida, le basta a nuestro buen Dios. No es menester ninguna otra cosa más. Con esto nos da a entender que lo que Él desea es nuestro consentimiento, la fiel correspondencia a su divina moción. Quiere que cumplamos cuanto Él dispone y ordena, no porque tenga necesidad de nuestra cooperación, sino para obtener nuestra obediencia. Exige de nosotros prontitud sin la más ligera demora o resistencia, sin inquietud ni falsa prudencia, sin temor al sufrimiento, sin vehemencias de mal entendido celo…; nos exige sencilla y constante fidelidad al deber presente, no pretendiendo hacer ni más ni menos que lo que El quiere, y en el modo y manera como actualmente lo quiere.

¿Y qué hace Jesús en María durante este tiempo? ¡Jesús es el Amor que se manifiesta! ¡Es el Amor que santifica! Él es quien hace saltar de gozo al Bautista en el seno de su madre. Él quien comunica a este pequeñuelo, que tan grande llegará a ser, conocimiento y amor; y con este conocimiento y amor la verdadera felicidad.

¿Y cuál fue la obra de María? Porque nada hemos notado. María ha sido fiel, y nada ha reservado, nada ha reservado ni retenido para sí misma: dejó a Jesús obrar libremente, y desempeñó ella el oficio de simple cooperadora. ¡He aquí el Apostolado! He aquí nuestro modelo en el ejercicio del mismo. Sí, acá en el destierro, cada alma tiene su misión, las que se sienten abrasadas por el celo santo, han de conformar su acción con la de María, en este divino misterio.

No es la palabra la que convierte las almas. La santificación es obra del Amor… y es el Espíritu Santo quien la lleva a cabo por medio de su divina unción. Él, y no otro, ha de ser quien obre en ellas, y le comunique sus celestiales dones. El apóstol, pues, debe vivir dócilmente subordinado a su acción, a sus mociones divinas: 1º Con humildad profunda y santo recogimiento, para poder comunicar lo que guarda en su interior; 2º Con el ejercicio habitual  de la abnegación, para no dar jamás a criatura alguna nada de sí mismo, es decir: nada natural, nada humano; 3º Con espíritu de sacrificio, de caridad, para no desdeñarse nunca de ejercer oficios humildes y repugnantes; 4º Con olvido total de sí, para mejor pensar en el Señor; para enaltecerle siempre y ensalzarle, y traerle nuevas almas cada día que le alaben también, y sean encendidas en las llamas de su divina caridad. De esta suerte el Amor no estará ocioso; surgirá potente, abrasados, y santificará, y se dará a otras almas, almas que a su vez se convertirán en Apóstoles… en hogueras de amor divino… en “Cielo de amor” para el amor.

¡Oh Amor Misericordioso, realiza, Tú, esta obra!...
 P. M. SULAMITIS.

(Extracto de "Centellitas". Con licencia eclesiástica).

martes, 16 de agosto de 2016

"En seguimiento de María"

 ¡A JESÚS POR MARÍA!


(Mensaje del Amor Misericordioso)

      "Y vosotras todas, almas elegidas que habéis oído aquel divino llamamiento: sígueme[1], acércate, entra en mi casa[2] conmigo… permanece en Mí y en mi amor[3]si la voluntad divina no os pide o exige la separación absoluta del mundo… mirad a María y aun estando en contacto con el mundo, no seáis del mundo[4]. Se puede ser del mundo y no ser del mundo, cualquiera que sea vuestro régimen de vida. Son del mundo las almas que tienen su espíritu y siguen sus máximas…, y no son del mundo las que desprecian sus máximas y siguen las de Jesucristo…"



[1] Matth. VIII, 22; XIX, 21; Marc. II, 14; X, 21; Luc. V, 27; XVIII, 22.
[2] Joan. I, 38-39.
[3] Joan. XV, 4, 9; I Joan. III, 24; IV, 16.
[4] Joan. XVII, 14-16.

jueves, 11 de agosto de 2016

"Preces del Amor Misericordioso por la Iglesia y por la Patria"


Preces del Amor Misericordioso por la Iglesia y por la Patria

que pueden ser rezadas después del santo Rosario



¡YO SOY EL AMOR MISERICORDIOSO!


"Quiero que en estos momentos se rece mucho por vuestra Patria. Quiero la unión... Yo os amo ¡Creed en Mí! ¡Jamás os abandonaré! 
¡Redoblad la devoción a la OFRENDA... vuestra arma y poderoso escudo!"


¡Sagrado Corazón de Jesús, salvad a nuestra Nación!

* * *

Oremos por la Iglesia y por la Patria

Padre Nuestro - Ave María - Gloria.



Ofrenda al Amor Misericordioso

“Padre Santo, por el Corazón Inmaculado de María, os ofrezco a Jesús, Vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco a mí mismo en Él, por Él, y con Él, a todas sus intenciones, y en nombre de todas las criaturas”.



Señor, ten piedad

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Señor, que dijiste: “cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederá” [Io. 16, 23]: en tu nombre pedimos al Padre que nos conceda la santa libertad de la Iglesia para trabajar en la propia santificación y la salvación de las almas. Amén.

Señor, que dijiste: “pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y os abrirán” [Mt. 7, 7]: pedimos que ilumines con tu divina luz a los que en tus manos tienen los destinos de nuestra Patria: buscamos tu amor acompañado de buenas obras; llamamos a las puertas de tu Amor Misericordioso para que se apiade de nuestras almas, de nuestras familias y de nuestra Patria. Amén.

Señor, que dijiste: “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” [Mc. 13, 31]: concédenos por tu omnipotencia la estabilidad y prosperidad de la Religión en nuestra Nación, la libertad de las Órdenes religiosas, la paz de nuestro pueblo y la rectitud de sus gobernantes; si ha de ser todo para gloria tuya y bien de nuestras almas. Amén.
 


Oración a la Santísima Virgen. Acordaos

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. Oh Madre de Dios, no despreciéis mis súplicas, antes bien escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.


Refugio de pecadores, ruega por nosotros.

Advertencia. - Estamos en la hora de la plegaria. En varias parroquias e iglesias se adora a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Ofrécete para hacer siquiera semanalmente media hora de adoración por las necesidades de la Iglesia, de tu Patria, y del mundo entero, sin omitir la Misa y Comunión diaria. Esto, practicado con amor y perseverancia, nos merecerá una especialísima protección del Amor Misericordioso, Cristo Jesús.

P. M. SULAMITIS.

domingo, 7 de agosto de 2016

"La Obra del Amor Misericordioso"

El "Cuadro del Papa", presentado a S.S. Pío XI con motivo de sus bodas de oro sacerdotales.
    "Quiero una Asociación del Amor Misericordioso para corresponder a mi plan divino y satisfacer los deseos de mi Corazón".

    "Yo quisiera pequeños grupos que se extiendan poco a poco, esto será la Obra del Amor Misericordioso…"

(Nuestro Señor a sor Mª Teresa Desandais (P. M. Sulamitis), 29 de Enero de 1919).


     "Quiere que se haga con firmeza… Quiere el reino de la Caridad”

(Palabras de sor Mª Teresa Desandais).

* * *

¿Qué es la Obra del Amor Misericordioso?

     Esta Asociación no tiene más Centro que el Corazón de Jesús.

     El Registro donde están inscritos los nombres, es el mismo Sagrado Corazón.

     El Director, es el Espíritu Santo, que con la cooperación de la Santísima Virgen, transformará las almas poco a poco para hacerlas vivir de la Caridad Evangélica (Amor y Misericordia) que es la vida misma del Corazón de Jesús.


(Extracto de "Los amigos de Jesús").


* * *
La Obra del Amor Misericordioso, es un gran regalo de la diestra del Excelso, que no ha sido abreviada a pesar de nuestras ingratitudes, es la que salvará a España, salvará al mundo entero. Él nos dice:
Confiad en Mi; no os abandonaré; tened confianza, os lo repito, a pesar de todo; aunque el universo entero pareciese bambolearse, ahí estoy Yo, que soy el Salvador, no perdáis la paz de vuestras almas; venid a Mi todos, yo os aliviaré, con vosotros estoy hasta la consumación de los siglos con tal de que permanezcáis conmigo en Caridad. La Caridad, he ahí el Mandamiento supremo de mi santa ley.
"A grandes males grandes remedios", dicen, y en verdad grande debe ser el remedio que se oponga a tan inmenso como es el mal que ahora nos aflige. El remedio supremo, eficaz, inmejorable, insustituible, es Jesús, Jesús más conocido, amado, mejor imitado, intensamente vivido, esta es la devoción y la obra del Amor Misericordioso, es el mismo Corazón de Jesús bien comprendido, su devoción mejor interpretada y aun completada y perfeccionada.
Santa Teresita del Niño Jesús se ofreció como víctima bajo este dulce nombre de Amor Misericordioso; y que esto sea muy del agrado divino lo muestra el hecho sorprendente de la gloriosa glorificación que Dios otorgó a la Santa. Ella, formada delicadamente por el Espíritu Santo en la escuela del Amor y de la confianza, es la que recibió el encargo de mostrar a las almas el camino de la sencillez evangélica y la infancia espiritual, que nos llevase a creer y a corresponder a las tiernas efusiones del Amor Misericordioso del Corazón de Jesús; ¿no es ella acaso la primera víctima del holocausto al Amor Misericordioso? 

          Bien se la podría llamar la precursora de esta obra, como lo es también en pos de ella Sor Benigna Consolata, Religiosa Salesa, de la que el mismo Jesús ha manifestado que la había escogido para abrir el camino de su Amor Misericordioso después de Santa Teresita, y la llamó su secretaria.
Pero ni Santa Teresita ni Sor Benigna Consolata habían recibido la misión de extender esta devoción, como la recibió P. M. Sulamitis, alma privilegiada, escogida por el mismo Jesús. Esta hermosa obra empezó a propagarse en Francia, lugar donde reside esta bendita alma, bajo la dirección del Padre Juan Arintero OP.
P. M. Sulamitis es un seudónimo que encubre el verdadero nombre de esta devota alma, escogida de Dios. Ella es la voz del que clama en el desierto, como la de un nuevo precursor, por la cual Dios nos llama, nos invita, nos amonesta; es la voz de un alma enamorada y pequeñita mano de la que Dios quiere servirse para recordarnos sus preceptos y su Amor; la eterna historia y el perenne esfuerzo de Jesús que los hombres conozcan su amor. Para informar nuestras almas en este espíritu e inflamarlas en el celo de esta cruzada evangélica, nada tan a propósito como las obritas y folletos, ya numerosos de esta alma piadosa que escribe a religiosos, sacerdotes, padres de familia, jóvenes y toda suerte de personas de todos los estados y condiciones.
C. y C.

(De la revista “Acción Antoniana” de los Franciscanos de Valencia, septiembre de 1932, número 140, con licencia eclesiástica).

martes, 2 de agosto de 2016

"A las hijas de María del mundo entero"


A LAS HIJAS DE MARIA
DEL MUNDO ENTERO

(Mensaje del Amor Misericordioso).
_____

1.- Las Hijas de María. Su privilegio.

         Si todos los Católicos pueden llamarse hijos de María, en virtud del don que Yo mismo os hice de mi Madre sobre la Cruz en la persona de Juan, y si en él, los ha adoptado a todos por sus hijos –también es verdad, que por un privilegio de elección, indudablemente algunas almas se han sentido atraídas a conocer más particularmente este favor, y se han empeñado en vivir de un modo más especial, como hijas de María: voluntariamente se han consagrado a Ella para honrarla –; se han puesto bajo su protección para que Ella les enseñe a amarla mejor, a hacer lo que Ella hacía, o lo que hubiera hecho si estuviera en su lugar…

         Esta es una gracia, pero así como nadie puede venir a Mí, si mi Padre no lo trae, así tampoco nadie puede consagrarse a María, sin una gracia de mi Corazón…

         De los hijos de María, el demonio tiene horror.

2.- Lo que se necesita para ser una verdadera Hija de María. El “Ecce ancilla”.

         Pero para ser “hija de María”, según el verdadero sentido de la palabra, no basta la ceremonia y la inscripción: es necesario vivir de la vida de su Madre… pues lo contrario sería contristar su Corazón tan maternal.

         Pues la primera cosa que María os enseñará será su Ecce ancilla: He aquí la sierva del Señor. Yo soy la “sierva del Señor”… Todas las hijas de María, como su Madre, deben ser también mis pequeñas siervas, las pequeñitas “siervas del Señor”… puesto que mi representante visible sobre la tierra acaba de proponerme a la devoción, a la abnegación de los fieles bajo este título: “las pequeñas siervas de Cristo Rey”.

3.- En qué consiste la disposición del “Ecce Ancilla”.

         Profunda y llena es la significación de “pequeña sierva”… Comprende la abnegación de sí misma, para no hacer más que mi divina voluntad, así como María la hacía. Yo mismo, hablando de Ella, y de su bienaventuranza, dije: “Dichoso aquel que yo la palabra de Dios, y la pone en práctica”[1]

         María tuvo siempre la mirada fija en Mí, y no vivió más que de mi voluntad. María fue la sierva humilde y modesta… siempre recogida y, por lo mismo, siempre atenta para conocer por los menores movimientos de su Dios la divina Voluntad.

4.- ¿Cuál debe ser la actitud de una Hija de María ante un movimiento dado por el Santo Padre?

         Si hubieseis podido ver a María, en sus relaciones con Pedro, al principio de la Iglesia naciente… con el mismo Juan, con el que, por haberle escogido Yo, se mostró tan deferente… comprenderíais cuál debería ser vuestra actitud, para imitar a vuestra Madre en estos momentos…

         Con qué fe, con qué respeto, con qué amor deben las Hijas de María creer en Mí, y creer también lo que Yo les digo por mi Vicario… María dijo un día en Caná esta sola palabra de su apostolado, hablando de Mí… esta palabra que es la que hoy os repite cuando el Papa ha hablado: “Haced todo lo que Él os diga”[2]

         Puede ser que hayáis sido testigos a vuestro alrededor de gran indiferencia por la palabra augusta de mi Vicario… palabra que es la expresión misma de la voluntad divina a los hombres en la tierra, el rayo de luz para toda la humanidad.

         El Papa no ha hecho más que recordar mis divinas enseñanzas, lo que Yo soy, lo que os he anunciado… pero ¡con qué precisión, con qué fortaleza, y con qué claridad… sin acepción alguna de personas! No a todos ha gustado, no todos han querido recibirla, y muchos se han cerrado a la verdad… un número considerable se ha mostrado insensible, extraño en un asunto de tan grave importancia.

5.- Las Hijas de María deben caminar en primera línea en la virtud de la obediencia.

         A vosotras conviene para entrar en las disposiciones de vuestra Madre, ir siempre delante, en primera línea, en el camino de la obediencia, que debe ser constantemente el vuestro; pero obediencia que importa en esta hora hacer más eficaz y más viva…

         Una verdadera “hija de María” debe tener sin cesar sobre los labios, y más aún, en el fondo del corazón, estas palabras de su Madre: “Yo soy la sierva del Señor”. Pues sabe bien que yo recibo como hecho a Mí, lo que se hace a los que me representan… Debe, pues, tener hambre de obediencia, alegrarse cuando le mandan, para tener que obedecer y así cumplir mi voluntad, poder mostrarme su amor; porque la obediencia es una señal segura de amor; quiero decir, la obediencia según el modelo de María… sin violencia, en espíritu de fe, alegremente…

         Si siempre la verdadera hija de María debe sobresalir en obediencia y en humildad, ¡con cuánta más razón debe aplicarse a estas virtudes en los momentos presentes en que el Papa ha dado el gran movimiento, mostrando que para honrarme como a Cristo Rey, es preciso someterme inteligencia, corazón y voluntad!... Y de esta voluntad, debéis hacerme homenaje por vuestra obediencia para con aquellos que tengan autoridad sobre vosotras, cualesquiera que sean, con tal que no os manden nada contra mi ley y mi voluntad…

6.- Rendir a Cristo Rey homenaje de obediencia en nombre de todos los que no lo hacen.

         ¡Poneos, pues, a la obra!... Para rendir vuestro homenaje en nombre de todos los que no lo rinden, practicad la obediencia con toda la perfección que podáis según vuestra condición… en vuestras familias, con vuestros amigos, en vuestro taller… Si estáis empleadas en alguna obra, aficionaos a la humilde y cordial obediencia. Nada violento ni forzado en vuestro tono, ni en vuestras maneras. Renunciaos amablemente, sin dar a conocer vuestro trabajo íntimo, ni hacer ostentación de generosidad: guardad el secreto del Rey…[3].

         Velad cuidadosamente para no debilitar nunca el prestigio de la autoridad y hacedlo todo por la unión y concordia. Sed el lazo de unión en toda ocasión… Si sois verdaderamente obedientes, seréis buenas… porque Yo os quiero así; y el Papa también os lo recuerda: El quiere, “que la caridad irradie”[4]

         Haceos toda para todos, para ganarlos a todos… He aquí lo que debe hacer la “pequeña sierva…”

7.- Necesidad de recogerse para obedecer bien.

         Para esto, recogeos, a fin de comprender bien la palabra que os haré oír íntimamente, mientras os mandan los que tienen autoridad para ello… El Espíritu de verdad os recordará la palabra de mi Pontífice[5], y cómo es necesario obedecer sin considerar la virtud del que manda, sino la autoridad de que está revestido con relación a vosotros… El os dirá en el interior: “Acuérdate que no es al hombre a quien tú sirves; no conviene al hombre rescatado por Cristo servir a los hombres[6]; es Cristo-Rey a quien tú sirves. Haz, pues, como conviene a tal Señor”.

         Pero si no os recogéis, no percibiréis esta vibración íntima, ni veréis más que la apariencia, lo humano, un mandato que os parecerá una injusticia irritante… Mas si estáis recogidas, no os detendréis en la apariencia, sino que pasando más adelante y viendo mejor, porque veréis con mi luz, será en Mí, en María, en quien veréis… Y entonces ¡cuán mínimo os parecerá vuestro trabajo, vuestra dificultad! Encontrando cerca de Mí a Barrabás al cual prefieren, os encontraréis muy favorecida, muy honoríficamente colocada.

8.- Llamamiento a las Hijas de María para preparar la fiesta de Cristo Rey.

         Hijas de María, sed generosas… ayudad animosamente al Papa en estos momentos; preparad vosotras mismas la fiesta de Cristo Rey… la grande y hermosa fiesta de la obediencia y de la caridad, que me será un divino desquite sobre Satanás y los rebeldes que no quieren obedecer.

         Ellos pretenden arrojarme de todas partes y pasarse sin Mí… Vosotras ponedme siempre el primero…

         Quieren una falsa libertad, o dominar a los demás y ponerlos en mayor esclavitud… Pero vosotras, manteneos súbditas de vuestro Cristo; y así seréis libres de la esclavitud de los vicios y de las pasiones, y tendréis el valor de vuestras opiniones…

9.- Las Hijas de María al pie de la Cruz. – Renovar los Votos del Bautismo.

         Ved como María vuestra Madre, tan humilde y anonadada, es intrépida y firme: permanece fija al pie de la Cruz…[7]. Allí es donde la habéis recibido por Madre, así como todos los cristianos. Allí especialmente debéis daros de nuevo a Mí, daros a Ella y por Ella… Permanecer firmes, renovándome las promesas del Bautismo… A Ella que recibió la misión de aplastar la cabeza de la serpiente y que siempre me fue fiel, pedidle os enseñe a decir y practicar: Renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras… y me entrego a Jesucristo, a su ley y a su Iglesia, para siempre.

         Como pequeñas siervas de Cristo Rey; demostrad por vuestra conducta que mi yugo es suave y mi carga ligera[8]; servidme con pasión, con alegría, con santidad, con amor…

         De este modo seréis verdaderamente hijas de María, y la corona de vuestra Madre… Por Ella seréis también el consuelo de mi Vicario, siendo el consuelo de mi Corazón… y me ayudaréis a reinar sobre la tierra, comenzando por establecer mi reino tan perfectamente como os sea posible en vuestro corazón.

10.- Ser apóstoles por la oración y la obediencia.

         Hijas de María: ¡Yo cuento con vosotras!... Sed apóstoles por la oración y por la obediencia, a imitación de vuestra Madre… En la Misa de cada día, sea que asistáis a ella realmente, o si en absoluto no podéis, espiritualmente… uníos a la oración del Papa y de la Iglesia, para pedir la unión de los espíritus en la verdad y la de los corazones en la caridad… Que mi palabra se realice, así como el gran deseo del Papa, que es también el mío: “Que no haya más que un Rebaño y un Pastor…”[9].

         Orad, orad mucho, hijas de María… Rogad por intercesión de vuestra Madre… para que el Dueño de la mies envíe obreros…[10]. Orad para que todas las ovejas errantes encuentren el redil de la Iglesia, que les he preparado y donde las espero[11].

         No seáis egoístas: pensad en todas estas pobres almas que no me conocen, a quienes se me presenta como un Señor rígido y severo… que no me aman, que no me sirven sino con violencia, y aun así no lo hacen: huyen y temen darse a Mí…

         Mirad a vuestra Madre: en el Cielo María no está inactiva… Vela sobre vosotras y sin cesar ejerce el oficio de Mediadora por los pobres pecadores. Ella quisiera que sus hijas la ayudasen.

11.- Hacerlo todo por María.

         Haced pasar siempre por María vuestras oraciones, vuestros sacrificios, vuestros actos de obediencia… Por María, consagraos a Mí cada vez más en calidad de “pequeñas siervas…” siervas de Cristo Rey…

         ¡Qué llena será la vida de una hija de María que siempre haya vivido en la intimidad con su Madre, bajo su mirada vigilante, que le descubrirá, lo que me puede desagradar y también lo que me puede agradar más! ¡Y cómo ayudará María a su hija a practicar el bien!

         ¡Adelante, pequeñas siervas del Señor! Adelante en la obediencia, con María, como María… bajo el impulso del Papa mi Vicario, vuestro Santo Padre… para apresurar mi Reinado sobre la tierra… ¡mi reinado de Amor!

P. M. SULAMITIS.




[1] Luc. XI, 28.
[2] Joan. II, 5.
[3] Tob. XII, 7.
[4] Encíclica “Quas primas”, proclamando a Cristo Rey. 11 diciembre 1925.
[5] Joan., XVI, 13.
[6] Ephes., VI, 6, 7; Colos., III, 22.
[7] Joan., XIX, 25.
[8] Matth., XI, 30.
[9] Joan., X, 16.
[10] Matth., IX, 38; Luc., X, 2.
[11] Matth., IX, 36; Joan., X, 16; I Ep. Petri. II, 25.