jueves, 15 de septiembre de 2016

"Mensaje del Amor Misericordioso: La vida con María"


Ventajas de la formación del alma en María

"Hay entre Mí y María tal unión y afinidad, que no puedo expresárosla, porque no acertaríais a comprenderla. María es la obra maestra de mi gracia en mi criatura. No temáis venir a Mí por María; en la eternidad podréis apreciar los bienes tan grandes que de esa práctica os han venido..

"Si venía a informaros de mi vida en María, me glorificaréis a Mí mismo por la fe en mis divinos misterios según la parte que en ellos he dado a María; y eso constituirá para vosotros un acto de humildad, de obediencia y de caridad, un reconocimiento de los privilegios con que la he recompensado, llenándola, colmándola de incomparables gracias. No hay ninguna formación espiritual más completa, más fácil, más plena, más sencilla, ni que mayor gozo y mayor gloria me procure y más aproveche el alma.

"Os he dado por madre a María. Considerad lo que fue Ella para Mí, y hasta qué extremo he llegado a amaros, para daros por Madre a la que Yo escogí y tomé para propia Madre mía. ¡Qué privilegio tan incomparable! Yo quisiera que pensaseis siempre en él.

       "Quisiera que vivieseis con Ella como verdaderos parvulitos... En Ella os formará mi Espíritu Santo; en Ella viviréis de mi vida y pensaréis, obraréis, querréis, amaréis conforme a mis enseñanzas... María ha grabado en su Corazón mi vida, mi imagen, mi Evangelio. Todo ello lo encontraréis en su Corazón; él será vuestro refugio, y en este Corazón inmaculado, abismo de pureza, podréis sumergiros con todas vuestras miserias, para extraer de él una nueva vida de santidad y de amor."


      ¡Dichoso el que comprenda mis designios! ¡Dichoso quien sepa hallarme por mediación de María! ¡Feliz aquel que mire sin cesar a María, porque siempre hallará mi mirada!...


lunes, 5 de septiembre de 2016

"Novena perpetua al Amor Misericordioso del Corazón de Jesús por intercesión de María Mediadora".

NOVENA perpetua al Amor Misericordioso del Corazón de Jesús por intercesión de María Mediadora.
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Pedir a Dios con confianza es obedecer a Jesús, honrar y regocijar su Amor Misericordioso.
       
        Jesús, el Hijo único de Dios, el Amado del Padre, ha dicho en su Evangelio: “Pedid en nombre mío”. “Todo lo que pidiereis os será concedido”… “Pedid.. a fin de que el Padre sea glorificado en el Hijo”…

        Estas palabras nos revelan la disposición del Corazón de nuestro Dios respecto de nosotros… Él es Padre… infinitamente rico, infinitamente poderoso… infinitamente bueno e infinitamente sabio… para dispensar sus beneficios a sus hijos.

        Es una alegría para su Corazón hacernos bien y ver que acudimos a Él en todas nuestras necesidades. Acudamos, pues, a Él… primeramente, por nosotros mismos, por los bienes que de Él esperamos recibir; pero también por Él… para consolar su Corazón desbordante de amor, que tiene necesidad de derramarse sobre los indigentes,  los menesterosos para colmarlos de su abundancia.

        Lo mismo en nuestras necesidades materiales que en nuestras necesidades espirituales, vengamos a Él… llamemos a la puerta de su Corazón, de su Amor Misericordioso. Este acto de humildad y de confianza le da honor y es al mismo tiempo un testimonio de nuestra fe, por el cual atestiguamos que todos los bienes se hallan en Él y que estamos seguros de la bondad de su Corazón.

        Vengamos a Él, por María, nuestra Mediadora universal, en sus designios de amor… Esto alegrará más todavía su Divino Corazón, que se complace en recibir las súplicas de su Madre y hacer pasar por mano de ella sus gracias y beneficios.

Con qué disposiciones debemos pedir.

        Hemos de pedir como pide el hijo de un Dios… un hijo que sabe que es entrañablemente amado de un Padre infinitamente rico, sabio y todopoderoso.

        Vayamos a María, como hicieron los siervos de Caná, y María presentará nuestra demanda; y si Jesús parece no responder al momento como esperábamos, María nos sostendrá en nuestra esperan y musitará al oído de nuestro corazón: Tened confianza y “haced todo lo que Él os diga”.

        ¿No vemos que muchas veces no van nuestras súplicas acompañadas de estas disposiciones?... Frecuentemente son hechas sin estos sentimientos de humildad, de paciencia, de obediencia… Nuestra voluntad no es la de un siervo: pedimos con un querer determinado, lleno de exigencia, que no sufre demora…: se desespera y, en la dilación, se pierde la confianza… Se cambian los papeles,  y osamos hablar a nuestro Dios como señores; no queremos condición alguna… y casi le obligamos por sus propias palabras, si así se puede hablar, a obedecernos. ¿Es así como se debe pedir…? ¡Qué disparate y qué locura pedir de esta manera!... Se diría que osamos creernos y hacernos superiores a Dios… ¡sabiendo mejor que Él lo que nos conviene!... Hacemos como el niño que quisiera forzar a su padre a darle el cuchillo con el cual se ha de herir.

        Aprendamos nosotros, los amigos de Jesús, a orar y pedir como conviene, exponiendo por medio de María nuestras necesidades al Corazón de nuestro Padre: “No tienen vino”. “Señor, ved que está enfermo el que amáis”… y de antemano demos gracias por el favor y beneficio que del Corazón de Dios saldrá para nosotros o para nuestros hermanos… porque jamás oración alguna quedará sin fruto.

        Si Dios difiere el concedernos, es para darnos después, según dijo a santa Gertrudis, tres veces más de lo que necesitamos.

        Si se lleva a las personas que amamos, después que le hemos expuesto su mal con una fe sincera… es porque los quiere en una vida mejor: es por su bien.

Dar gracias anticipadas. – Dios concede siempre lo mejor.

        Tomemos la santa costumbre de dar gracias anticipadas a nuestro buen Padre por la gracia concedida, cualquiera que ella sea… con la firme convicción de que obtendremos lo que deseamos, si ha de ser para gloria de Dios y bien de las almas: y si no, obtendremos algo aún mejor.

        No conocemos el Corazón de nuestro Padre Celestial, ni conocemos su Amor Misericordioso: de ahí provienen tantas penas, tantas inquietudes, tantas dificultades en someternos… Si así no fuera, bien podríamos sentir la rebeldía de la parte inferior, la repugnancia, el temor natural, la aprehensión… mas también experimentaríamos una gran fortaleza para decir con Jesús: ¡Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya! Mi naturaleza quisiera la exención del sufrimiento para mí y para los míos; pero Tú sabes mejor que yo lo que es razonable y bueno… y como yo quiero lo mejor y más conveniente, quiero también, por encima de los deseos de mi naturaleza, lo que Tú quieres ¡oh Dios mío!

        Este es el último trance, el abandono… La pobre alma pide y clama con fuertes alaridos: ¿Por qué me has abandonado? Pero María nos recordará que es para que el alma haga el acto de amor supremo, el abandono en el mismo abandono: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

        Comunión de los santos. – Unión a todos los que hacen la novena.

        Hemos de pedir, sobre todo, los unos para los otros, la inteligencia del Corazón de Jesús, la inteligencia del Amor infinito, misericordioso y paternal de su Corazón.

        Unámonos a la Novena perpetua al Amor Misericordioso que se hace en muchas Comunidades de diferentes Órdenes para establecer esta unión de los Amigos del Corazón de Jesús entre sí…

        Unámonos para pedir que todos los que hacen esta Novena reciban del Corazón de Jesús, de su Amor Misericordioso, la gracia más excelente para la gloria de Él, que es la propia salvación, o el bien de las personas que son encomendadas y, sobre todo, un mayor conocimiento del Amor de su Corazón, con un deseo más ardiente de corresponder a él con fidelidad.

        Unámonos para dar gracias anticipadas por todos los que ni se acuerdan de hacerlo ni lo harán.

        Atraigamos auxilios… don de luz, don de fortaleza… para que las almas reciban con fe y amor la gracia que les sea concedida, sin turbarse ni desconcertarse, aun cuando, en el primer momento, esta gracia parezca una decepción para la naturaleza, que no responde a las necesidades ni a lo que se esperaba.

        ¿Pensáis que por esto hemos de ser menos atendidos? Eso sería no conocer el Corazón del Dios infinitamente bueno; sería hacerle inferior al de un padre o una madre terrenales, siendo así que su Corazón es más amante, más tierno, más generoso, más desinteresado, más fiel que todos los corazones de padres, madres y amigos reunidos en uno solo… ¿Quién como Dios?

        Creámoslo así sinceramente para todas las gracias de orden temporal, queriendo todo lo que Él haga:

        Creámoslo así sinceramente para todas las gracias de orden temporal, queriendo todo lo que Él haga:

        Creámoslo para las gracias espirituales:

        Creámoslo para el Reinado de su Corazón, para los intereses de su gloria.

        Aun cuando muchas veces no comprendamos en el momento, posteriormente los acontecimientos nos obligarán a exclamar: El Señor es infinitamente bueno y misericordioso; bien está lo que hizo.

        Que esta Novena al Amor Misericordioso sea, sobre todo, la novena de la gloria de Dios, la novena de la gloria de su Corazón… Es preciso que Dios sea glorificado… que el Padre glorifique al Hijo, que el Hijo glorifique al Padre, y que todos, movidos por el Espíritu de Amor, exclamen: “¡Qué bueno es el Señor! Bien sabía yo que era bueno, pero no que fuese tan bueno, ni que se ocupase tanto de su criatura”.

        Invocar a S. Miguel.

        Invoquemos con este fin a S. Miguel, el arcángel de la gloria de Dios, para que con él, con su poder, impida la acción de los espíritus malignos, les aleje de los que hacen esta novena y de aquellos por quienes se hace… a fin de que el Amor Misericordioso pueda ejercer su acción sobre todos, haciéndoles experimentar los efectos de su divina bondad.

        Súplica.

        ¡Corazón de Jesús, haceos conocer como sois en realidad… infinitamente bueno… Amor Misericordioso!... ¡Que todos acudan a Vos y os glorifiquen en toda la tierra!
        ¡Oh Jesús! haced que conozcamos a Vos y conozcamos al Padre, Amor Misericordioso como Vos, a fin de que el Padre sea glorificado en Vos y Vos en el Padre… por el Espíritu Santo.

Advertencias.

        Esta Novena se hace a gloria del Amor Misericordioso y a fin de atraernos sus favores y darle así ocasión para manifestarse a nosotros, dilatando nuestras almas, inclinándolas a la fe e impulsándolas al amor… a llevar una vida de amor, en la imitación de su Bondad, y a tributarle nuestra gratitud en nombre del mundo entero, contribuyendo de esta manera a promover su Reinado de Caridad.

        Los que deseen hacer esta Novena, podrán unirse a las que se hacen en varias Comunidades y que empiezan los días 1º, 11 y 21 de cada mes. En los meses que tienen 31 días se ofrecerá un día particular en acción de gracias y con el fin de obtener al mismo tiempo el Reinado de la Caridad.

        Se aconseja encarecidamente unirse cada día a las misas que se celebran en diferentes puntos, en honor del Amor Misericordioso del Corazón de Jesús, a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas.

        Que se unan también con la mayor frecuencia que puedan durante el día a las misas que se celebran en el mundo entero:

        350.000 misas cada 24 horas;
        4 elevaciones por segundo.

        No dejen de aprovecharlas y ofrézcanlas por las intenciones indicadas, cada hora, o cada media hora si quieren, en unión con las almas que tienen esta santa costumbre.

        Esta unión a las misas que se celebran podrá hacerse en la siguiente fórmula:

        ¡Oh Jesús, Sacerdote Hostia, por María, yo me ofrezco en Vos, tengo hambre de Vos, me uno a Vos! Hacednos uno en Vos.

Modo de hacer la Novena.

        Las oraciones más indicadas por la santa Iglesia son, para decir cada día:

        El Padre nuestro, la misma oración de Jesús al Padre… que nosotros haremos con Él, del fondo del corazón;

        El Ave María, recurso e invocación a María Mediadora;

        El Gloria, acción de gracias anticipada por la gracia obtenida;

        La Ofrenda de Jesús al Padre, que es el don más excelente que podemos hacer a Dios por María Mediadora, para gloria suya, nuestra acción de gracias, nuestra reparación, nuestra súplica… a fin de dilatar su Corazón y atraer las gracias de su Amor Misericordioso sobre el mundo entero.

        Oraciones para todos los días.

        Padre nuestro, Ave María, Gloria. Ofrenda.

– Padre Santo, por el Corazón Inmaculado de María, os ofrezco a Jesús vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco a mí mismo en Él, con Él y por Él, a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas[1]… para gloria y alegría de vuestro Amor Misericordioso y para facilitar vuestro Reinado de Amor y de Caridad.

        Oh María Mediadora universal, Arca de la Alianza, Reina de Amor y Madre de Misericordia, rogad por nosotros.

        Oh SAN MIGUEL Arcángel, Príncipe de la celestial Milicia, Abanderado y Heraldo del Rey de Amor Misericordioso, despliega tu poder en apartar todos los obstáculos y hacer que venga pronto el Reinado de la Caridad en el mundo entero.

Prácticas.

        La novena más eficaz es aquella en que la oración va acompañada de actos de virtud… la que se hace con más grande amor y humildad… porque el secreto para ganar el Corazón de Dios es hacerse pequeñito… y aprovechar las ocasiones de decir sinceramente: “he faltado… hice mal… no tengo razón”… disculpando y honrando al querido prójimo…

        Para cada día de la Novena.

        Día 1º: Abandonar todas las cosas en Él. Recibirlo todo de Él, en cada instante (Confianza y abandono).

Día 2º: Aplicarse a pensar, hablar, obrar como Él, según las circunstancias (Imitación).

Día 3º: Unirse a Él en todo lo que se hace. (Unión).

Día 4º Hacerle un “Cielo de Amor en el alma”. (Recogimiento).

Día 5º Hacer de nuestra vida una “Comunión perpetua” con su Voluntad divina, con su actual beneplácito. (Fidelidad al deber del momento).

Día 6º: Ofrecer en unión con Jesús al Padre incesantemente… en todas nuestras acciones, en nombre de todas las criaturas. (Ofrenda).

Día 7º: Hacerle una “Fiesta perpetua”, viviendo siempre contentos con todo lo que nos sucede, con todo lo que Él hace o permite (Alegría y agradecimiento).

Día 8º Esforzarse por ser buenos como Él es bueno, y misericordiosos como Él... (Caridad).

Día 9º: Olvidarnos de nosotros mismos y de todas nuestras penas y aflicciones, pensando que El es dichoso. Así seremos dichosos con Él. (Olvido propio y puro amor de Dios).

Día 10º En la sagrada Comunión comunicarse con el Amor, llevarlo consigo… y aplicarse a poder decir con verdad, en nuestra conducta:

Vivo, pero no soy yo… es el Amor, 
“el Amor Misericordioso” quien vive en mí…”

P. M. SULAMITIS.

* * *


NIHIL OBSTAT
FR. IGNATIUS G. M. – REIGADA OP.
Censor.
Imprimatur:
Salmanticae, die 23 Julii 1930.
FRANCISCUS, Episcopus Salmantinus.





[1] 300 días de indulgencia cada vez e indulgencia plenaria recitando esto durante un mes y confesando, comulgando y orando a intención de S. S. (Pío XI, 10 Junio 1923).

jueves, 1 de septiembre de 2016

"La práctica por excelencia de la Caridad: La Reparación por medio del amor".



1.- En qué consiste la verdadera reparación. – La perfecta Caridad.

            Sería un error muy grande creer que Nuestro Salvador Jesús consagró solamente el tiempo de su Pasión a la reparación… o creer que solamente aplicó a este objeto los sufrimientos de su vida mortal… Se tiene muy a menudo una falsa idea de lo que es la Reparación, y lo mismo sucede con la Caridad.

            La verdadera y perfecta Reparación consiste en la Unidad pedida por Jesús a sus Apóstoles la víspera de su muerte. “Qué sean Uno en nosotros. ¡Yo en ellos y Vos en Mí!.

            El que quiere practicar la perfecta caridad permanezca en unión con sus hermanos en Jesús, y por Jesús en el Padre… Ese es el fin que se propone la Santa Iglesia.

2.- La Santa Iglesia – lo que es – sus tesoros.

            No se comprende bastante lo que es la Iglesia… Es la Sociedad divina de los Cristianos establecida por Jesucristo, el enviado del Padre, y vivificada con su vida por medio de la gracia… comunicada especialmente por los Sacramentos… Sociedad movida y gobernada por el Espíritu Santo que obra en todos los miembros bajo la vigilancia de aquellos que están investidos de una especial autoridad a este fin. Esta Iglesia tiene en su poder los tesoros infinitos de los meritos de Jesucristo, los de la Santísima Virgen y de los Santos… y todos los cristianos, es decir, cuantos forman parte de esta admirable sociedad y están en estado de gracia, son admitidos a la participación de estos tesoros infinitos…; y todo el bien que ellos hacen, aunque sea el acto más pequeño de amor de un niño pequeñito… aumenta esos tesoros y aporta su humilde contribución a la Iglesia de Dios.

3.- La vida de Jesús sobre la tierra: UNO en nosotros y con su Padre en el Espíritu Santo.

            Cuando habitaba en la tierra –podría decirnos Jesús– me consideraba como el Jefe de mi Iglesia y lo hacía todo en nombre de cada uno de sus miembros por la gloria del Padre… uniendo, ya desde entonces, a cada uno de mis pensamientos, a cada uno de mis actos, a cada uno de mis sufrimientos… todos los pensamientos, palabras, acciones y sufrimientos de cada uno de esos miembros amados de mi Iglesia…; y los ofrecía al Padre, abismados en los míos como gotitas de agua en un océano infinito… Y al contacto divino de mis actos, infinitamente perfectos, purificaba lo que había de imperfecto, santificaba lo bueno y daba un valor digno de Dios a vuestros actos humanos, tan imperfectos en sí mismos y una nonada ante Dios, por la desproporción que hay entre lo que le es debido y lo que podéis darle por vosotros mismos… Y aún esto no podríais dárselo si Él no os proporcionara lo que para eso es necesario.

            Mi vida en la tierra fue, por lo tanto, una donación permanente de Mí al Padre en nombre de todas las criaturas; pero especial y eficazmente en nombre de mi Iglesia… Así he realizado la Unión (el unum) con vosotros y en el Padre.

4.- El deseo de Jesús es que nosotros realicemos también esta UNION.

            Ahora quisiera continuar en vosotros la realización de este misterio mío de la Caridad divina. La Caridad es que os améis como Yo os he amado, o sea, que continuéis viviendo como Yo he vivido, haciendo lo que Yo he hecho. Yo soy vuestro Mediador… Permaneced todos unidos en Mí.

            Habitáis en Mí por medio de la gracia, pero quisiera que vosotros, los que por lo menos queréis ser más especialmente míos, respondieseis más completamente a mis designios; quisiera que realizaseis con vuestra conducta esa unidad que mi amor espera de vosotros.

5.- Frutos que deben sacarse de la Santa Comunión y de la presencia del Espíritu Santo en el alma.

            Cuando voy a vosotros en la Santa Comunión… cuando permanezco en vosotros por medio de mi Espíritu, pedidme que os comunique mis propias disposiciones y os veréis también llevados por ese movimiento de unión con el Padre y con las almas… en la unidad que Yo reclamo.

            Y vosotros también, unidos conmigo, lo haréis todo por la moción del Espíritu Santo, por la gloria del Padre, en nombre de todos vuestros hermanos…

6.- Cómo practicar esta unión que Jesús nos pide.

            Si alguien hace oración, no se considere como si estuviera aislado, sino que unido a Mí, – sin quien nada podéis hacer –, ruegue en nombre de todo el Cuerpo místico, en unión con aquellos que mejor lo hacen y para suplir a los que oran menos o malamente o de ningún modo… Que el que toma su alimento lo haga en unión conmigo en esa misma acción, y por Mí, con todos los que están unidos conmigo, con mis Santos, que lo hacen mejor, con los que mezclan en esta acción muchas imperfecciones y no piensan en darme gracias… El que trabaja, sufre, llora… hágalo unido conmigo y en Mí, con aquellos que me están unidos y cuyos mismos actos he ofrecido por la gloria del Padre… los Santos y los imperfectos… Al Padre he dado Yo gracias y gloria… le he tributado el homenaje perfecto, en nombre de todas las criaturas… y mi gozo y mi gloria sería encontrar asociados verdaderos que continuasen mi vida de esta manera… consagrándome la suya por sus hermanos en ese perpetuo ejercicio de caridad que forma al mismo tiempo la reparación perfecta… Entonces Yo podría a todas horas venir a tomar en esas almas lo que el Señor necesita…

            Si algunos hay que en varios puntos me privan de mi gloria, Yo sabré tomar mi revancha. Todo ha de servir para cumplir mis designios… vuestras acciones, tentaciones, sufrimientos y hasta vuestras alegrías; hacerlo todo y sufrirlo según mi modelo… en conformidad conmigo, unidos a Mí, por la gloria del Padre y en nombre de todos vuestros hermanos, que hacen o han hecho este mismo acto, han padecido o padecen esta misma pena… aplicándoos sencillamente, como Yo mismo lo hice, a comunicar con la Voluntad del Padre tal cual se presenta de momento en momento… y en este mismo minuto presente, comunicar (comulgar) con mis disposiciones íntimas para con el Padre y las almas…

            Si os encontráis con el alma destrozada, en vez de tratar de alejar el obstáculo, haciendo cambiar el alma de vuestro prójimo, iluminándola por medio de vuestras industrias… o haciendo mil pesquisas examinándoos para ver hasta qué grado habéis sido culpables en esto o aquello… humillaos bajo los demás; poneos en el último lugar en vuestra propia estimación y ofrecedme mis dolores de la agonía… adhiriéndoos a la voluntad del Padre y entregándoos a pesar de vuestras repugnancias, para beber el cáliz por completo… en nombre de cuantos sufren en esta misma hora este mismo sufrimiento que os apena… Esta sencillez os hará libres y os mantendrá al mismo tiempo en una humildad profunda y en la práctica de la caridad perfecta… y si se presentase algún acto costoso de cumplir, hacedlo con este mismo espíritu, por mi gloria, unido conmigo y con vuestros hermanos bajo la acción de mi Espíritu.

            Qué vida tan hermosa la que aleja toda rebusca de sí mismo y consigue que el alma permanezca perpetuamente, como Yo, en estado de sacrificio… de entrega de sí mismo, de su persona así como de su vida, por la gloria del Padre y la salvación de las almas…

7.- Darme gloria y devolverme amor: eso es lo que debéis hacer siempre…

Es preciso hacerlo durante toda vuestra vida y aún en las más pequeñas acciones… porque siempre hay y habrá almas que piensan, que hablan, que andan, que gozan, penan, trabajan, que obran y hacen todo lo que a esta misma hora estás tú haciendo… y rezan como tú, y cuando llegue la hora de la Pasión, de la verdadera agonía y de la muerte… las sufriréis del mismo modo, uniendo vuestra muerte a la mía… a la de mis Santos y la de todos los cristianos y todas las criaturas, para que aumente Yo, aún en este momento, el número de mis elegidos… Las almas que están en el Purgatorio y en cuyo nombre habréis de obrar, se verán aliviadas con ello y mis Santos se llenarán de gloria y regocijo.

8.- Cómo debería ser la vida de los cristianos.

La vida de los cristianos debería ser una perpetua comunión con la Mía y por ella con la Voluntad del Padre y de vuestros hermanos.

Creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo… Creo en la Santa Iglesia, creo en la Comunión de los Santos… Donación de sí mismo, donación de la propia vida a Dios y a las almas en la Caridad, en la Unidad.

9.- No ser rémora sino un alivio para la Iglesia y para nuestros hermanos.

No seáis una rémora para mi Iglesia y para vuestros hermanos, sino que cada uno se esfuerce, por el contrario, en aligerar la carga de los demás, exterior e interiormente… Yo soporté particulares sufrimientos por cada falta, una tristeza, un dolor proporcionado a la gravedad de vuestras culpas y también a cada gracia recibida, las cuales debieran servir para haceros estimar mejor mis dones y para utilizar con más fidelidad las ocasiones que os doy… Cuanto más amo a un alma, cuanto más le he dado, más sensibles son sus infidelidades para mi Corazón…        

Lo he visto todo: vuestra fidelidad, vuestra delicadeza… pero también vi vuestra resistencia a la gracia… He visto las almas que habían de ser las más amorosamente cooperadoras en la gran obra de la Redención… las que terminarían en sí mismas lo que falta en mi Pasión, y las que terminarían lo que falta a mi Vida… y que desean continuarla, con mi gracia, en la media posible… ¡Cuánto me consoló esta visión!...

10.- JESUS MODELO DE REPARACION – el elemento de la reparación no consiste tanto en el sufrimiento como en el amor y el cumplimiento de la voluntad del Padre.

El sufrimiento físico no es el sólo elemento de la reparación; preferiría Yo sobre todo la completa entrega de las almas, como Yo me entregué, hasta la Cruz si es necesario, pero entregadas ya en la vida común, sencilla y ordinaria… Mi verdadera Pasión duró un día apenas… pero realicé la reparación amorosa durante treinta y tres años.

Cada uno de vuestros minutos, así como los míos, está marcado por la manifestación de una voluntad del Padre… Esta voluntad es la que, hecha en unión conmigo, en nombre de vuestros hermanos, formará vuestra reparación sobre la tierra… No hay que buscar nada… nada hay que pedir sino solo el amor para obrar bien… No hay que rehusar nada… sino recibirlo todo de manos del Padre como hijo amante… con un corazón agradecido… alegre… sin detenerse en las causas segundas, con sólo esta respuesta: “El Señor lo quiere, lo necesita. ¡Sí, Padre mío, sí, porque así lo queréis Vos!”.

Y en todas las circunstancias, miradme a Mí, manteneos por medio de mi Santo Espíritu unidos conmigo… Él reproducirá mis disposiciones en vuestra alma como lo hizo en la Virgen mi Madre…

No temáis… porque es el corazón de un Padre el que con tierno amor dispone todos los acontecimientos de cada día… No os pido que os entreguéis al sufrimiento, sino que os entreguéis al amor… que seáis hostias de caridad para vuestros hermanos… en unión con la Hostia divina… y de todas maneras… interiormente, por medio de la oración y por la ofrenda… exteriormente, por la donación, la inmolación cuando se presente la ocasión… porque es preciso saber inmolarse, teniendo la naturaleza que tenéis, para poder mostrarse siempre buenos.

El sufrir es accesorio, transitorio. Lo esencial es la caridad de corazón… el amor. No pidáis el sufrimiento, a no ser en caso especial aprobado prudentemente; muchos que lo pidieron se han arrepentido de ello y se descargan sobre los demás; pero tampoco lo rechacéis.

Es mejor vivir como hijos confiados en su buen Padre… que procuran sonreírle constantemente… preferir lo que Él prefiere, no querer ni más ni menos de lo que Él quiere… estando tan dispuestos a partir, a obrar como dóciles para abstenerse y callarse… Tened los ojos siempre fijos en Mí para leer en Mí la voluntad del Padre… y correr a su voz… He aquí lo que Satanás y los pecadores no quieren hacer… UNIÓN en Mí: hacedlo vosotros, hijos míos… En los días de prueba y de flaqueza, si os habéis conducido con languidez, ofrecedme a Mí, ofreced a vuestros hermanos y sed a vuestra vez más valientes para suplir por los que, vacilantes, necesiten otro día un socorro particular.

Los tesoros de la Iglesia son infinitos, pero es preciso ir a buscarlos… Lo podéis hacer cuando queréis… en la medida que os place… tomadlos sin cesar… Cuanto más unidos estéis conmigo y con vuestros hermanos, cuánto más me os deis, mayor derecho tendréis para adquirir estos tesoros… Los poseeréis a medida de la Fe que tengáis.

PADRE
QUE SEAN UNO EN NOSOTROS
¡YO ESTOY EN ELLOS… Y VOS EN MI!

¡Padre Santo! Por medio del Inmaculado Corazón de María, os ofrezco a Jesús, vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco yo mismo en Él, con Él y por Él a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas.

PRACTICA:

Para probaros mi amor y hacer la reparación que vuestro Corazón desea, me aplicaré a vivir verdaderamente mi vida de Hijo de Dios – por la Fe y la Caridad – mirándoos como a mi buen Padre, y a los hombres como hermanos míos, y esforzándome en permanecer en la UNIDAD con Vos y con ellos en Jesucristo Nuestro Señor.

P. M. SULAMITIS.


(Obra del Amor Misericordioso).

sábado, 27 de agosto de 2016

"Mensaje del Amor Misericordioso: A las almas probadas por el sufrimiento y la adversidad".


1.- Gozo en las pruebas. – Unirse a Jesús con María.

        Regocijaos en el Señor, ¡oh vosotros los que sois despreciados, humillados, contradecidos, juzgados, condenados… los que veis vuestros planes frustrados, vuestro celo paralizado…, hundirse todo en torno vuestro…, los que sois traicionados, mal correspondidos, abandonados… y que ahora mismo os halláis en las más profundas tinieblas, en desamparo interior… y parece que estáis privados de todo socorro… Regocijaos, sin embargo, por encima de todo de lo que sentís; es la hora del Calvario; mirad a María y con Ella permaneced en pie… así, cerca de la Cruz, unidos íntimamente, ajenos a toda opinión y sentimiento, puesto que todo lo que os rodea son tinieblas, silencio…, salvo del lado de los que blasfeman e insultan vuestro dolor.

            Si, permaneced ahí, con María, unidos al sacrificio del Salvador… a esta Hostia que hasta el fin de los siglos será ofrecida en todos los altares del mundo…; unidos a esa primera Misa que contiene todas las Misas…; unidos en un sencillo acto, sin mirar más que a Mí, adheridos a mi oblación.

2.- Disposición interior de humildad, de caridad, de conformidad.

            Permaneced también vosotros en un santo silencio, no sólo exteriormente evitando toda queja, todo lamento, sino también interiormente. No os permitáis ni una sola mirada voluntaria sobre las causas, las consecuencias…, sobre los que han contribuido a este sufrimiento; abrazadlos a todos en vuestro corazón, pidiendo para todos las gracias de mi Amor Misericordioso, el cumplimiento de mis designios, mi gloria en ellos.

            Permaneced sencillos y humildes… en mi Amor… No juzguéis a los que os juzgan, tengan o no derecho a ellos…; excusadles a todos y pensad caritativamente de ellos… Si alguna autoridad superior interviene y os condena, guardaos todavía más de quejas y censuras, pues eso sería ofenderme y perder el fruto que yo pretendo saquéis de la tribulación. Lo que debéis hacer es humillaros, considerándoos inferiores al que os condena, pensando que hubierais sido capaces de hacer un daño incomparablemente mayor del que se supone en vosotros… Avívese en vosotros el espíritu de fe, tanto más cuanto más sufráis y menos comprendáis… ¿Qué importa?... Creed que cada uno obra según su gracia y que la vuestra en estos momentos consiste en mantenerse bien humildes, bien sumisos y desconfiados de vosotros mismos, pero más que nunca entregados a la obediencia, viéndome siempre en mis representantes y aceptando todas sus disposiciones, todos sus dictámenes… consideraos siempre sus inferiores, de corazón, de espíritu, de voluntad. Someteos, no al hombre y a su criterio, sino a lo que os manifiesta como representante de la autoridad de Dios. Así como debéis tender siempre a uniros en Mí y a Mí debéis someteros y a Mí es a quien debéis obedecer, del mismo modo en todos estos encuentros, jamás debéis juzgar al que os juzga y condena, sino asentir humildemente, pensando: es el Señor quien lo hace o lo permite para que yo le rinda homenaje de obediencia y fidelidad.

3.- Pureza de fe en la sumisión. – Vigilar y orar. – Colocaos cerca de María.

            Que este sea el gran pensamiento que domine en vuestras almas: ofrecedme vuestro servicio y vuestro amor… En estos momentos, no seáis una carga para los que os gobiernan; que nada debilite vuestro espíritu de fe, vuestra sumisión, vuestra adhesión. Esas son, verdaderamente las horas que más han de valeros, aquellas en que puedo probar si me sois fieles, si verdaderamente os amáis, si vuestra obediencia depende de las personas o de las cosas… o si sólo existe en aquello que es según vuestra inclinación y agrado… Por eso os digo: regocijaos en esta hora… regocijaos sobrenaturalmente… Este es el instante en que mejor podéis asemejaros a vuestro Maestro. Mas porque sois débiles, muy débiles, y por vuestro propio esfuerzo no podéis permanecer en pie, permaneced muy cerca de María; vigilad y orad para que no os sorprenda la tentación. Y sobre todo, no os entretengáis en mirar hacia atrás o hacia adelante, vuestra gracia está en el momento presente…

4.- Permanecer en paz y en amor. – Las gracias del Calvario son gracias de predilección.

            Permaneced en mi paz; permaneced en mi amor. Para esto sed sencillos, tened un corazón humilde y manso… No imitéis a los que vacilan al menor solo de viento… Yo permanezco siempre el mismo: os amo; creed en mi amor… Amad a vuestros hermanos, a todos vuestros hermanos… Bendecid mi santo Nombre, acordándoos de que las gracias del Calvario son gracias de elección; que allí encontraréis a mi Madre, a Juan, a Magdalena y a algunas mujeres fieles al pie de la Cruz: permaneced con ellas.

P. M. SULAMITIS.